Atelsam cuenta con dos centros de día de Rehabilitación Psicosocial o CRPS. Hoy conocemos más de cerca el que se encuentra en la zona metropolitana ubicado en Camino del Hierro.
En este CRPS trabaja un equipo de profesionales integrado por una psicóloga clínica del Servicio Canario de Salud y dos educadoras y una técnica de integración social de Atelsam. La atención se lleva a cabo en horario diurno con intervenciones puntuales por la tarde.
El cometido es que las personas con problemas de salud mental que acuden a este centro restablezcan su proyecto de vida, a través de un proceso individualizado. Aquí reciben una atención personal y las profesionales diseñan una intervención donde se contemplan los refuerzos necesarios para un proceso de recuperación adecuado para cada caso concreto. En definitiva, se trabaja con cada una de las personas con problemas de salud mental de manera diferente y según sus capacidades.
Hay factores como la clínica, etc., que pueden complicar esa recuperación, pero son tenidos muy en cuenta y la intervención en equipo define la línea de actuación. Las educadoras proceden en función de lo que cada usuario/a trabaja con la psicóloga. Se ponen en marcha así unos objetivos consensuados a su vez con cada uno/a de ellos/as y sus familias. Es fundamental la implicación activa de cada una de estas personas para alcanzar esos fines. Cada intervención se ajusta al perfil que demanda cada usuario/a y, por eso, es fundamental que todos los esfuerzos estén coordinados y vayan encaminados en la misma dirección.
Las personas que llegan a este CRPS lo hacen de las derivaciones del sistema de salud y, en muchos casos, no tienen conciencia de tener un problema de salud mental. Las profesionales acompañan y prestan su apoyo para que sean lo más autónomos/as posible en un entorno en el que puedan llevar una vida normalizada.

En un proceso de recuperación complejo como este confluyen muchos factores y no se limitan sólo a desarrollar una actividad determinada, aunque también se realizan de manera individualizada y grupal como el taller de cocina, aprender a relajar tensiones, conectar cuerpo y mente y tomar conciencia del presente. En definitiva, conectar con la vida.
Las profesionales ayudan y acompañan, pero lo hacen de manera consensuada porque el protagonista es cada una de las personas con problemas de salud mental. Un empoderamiento que se traduzca en tomar sus propias decisiones.
En muchos casos, estas personas han podido retomar sus trabajos o sus estudios en clases normalizadas, mejorar las relaciones con sus familias y lograr un grado de autonomía mayor.
Una vida autónoma, con valor… Como cualquier otra.

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